jueves, 8 de agosto de 2013

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE… 2ª Parte


Factores y Circunstancias


            A la hora de superar el fallecimiento de un ser querido, se contemplan varios factores personales que influyen de una manera característica en cada uno de nosotros. Por ejemplo:

            -  Nuestro nivel de madurez, de confianza en uno mismo…

           -  El grado en el que somos capaces de reconocer la realidad de lo ocurrido y asumir las consecuencias.

           -  La edad y las circunstancias que nos rodean…

           -  La posible situación de desamparo o de dificultad en la que se queda… bien sea económica o de otra índole…

           -  El haber sufrido o no otros duelos…

           -  Nuestra salud mental y estabilidad emocional en el momento… ya que todos pasamos por diferentes etapas y circunstancias vitales que hacen que esto varíe. No estamos igual de fuertes y estables siempre.

           -  La capacidad individual para encajar, para integrar con éxito un acontecimiento crítico.

           -  Nuestra flexibilidad y capacidad de adaptación, que supone tener una serie de destrezas adaptativas para asumir los cambios.

           -  Y muy importante también, el consuelo que podamos encontrar en los demás,  la disposición de cada uno para recurrir a ese amparo, para ser capaces de buscar ese apoyo.

            Además de estos factores de tipo personal, nos influyen de forma clave otra serie de cuestiones, como son las circunstancias en las que se da la muerte. Se asume, no voy a decir “mejor” o “peor” (ya que es una apreciación individual y muy subjetiva), pero sí de distinta manera según se haya producido.

            No es lo mismo una muerte súbita, o traumática, o un accidente fortuito, en las que se nos ocasiona un tremendo impacto por lo inesperado… que si se produce en circunstancias dramáticas como un suicidio, una muerte violenta o un asesinato, en cuyo caso supone un gran shock y es posible que sea necesario recurrir a un apoyo profesional. Nadie está preparado para algo así…

            De igual manera, no se toma de la misma forma, por lo que tiene de anti-natural, la muerte de un niño, por su fragilidad, su vulnerabilidad y su inocencia… O la de un joven, en plena flor de la vida, al que le queda todo por vivir… Que la de una persona anciana… que aunque nos duela muchísimo, en cierto modo nos consuela que vivió mucho tiempo a nuestro lado, que tuvo una larga vida y que aunque nos pese, digamos que es ley natural.

            También se procesa de un modo distinto, que se produzca el fallecimiento tras una larga y penosa enfermedad, en cuyo caso incluso puede producir cierta sensación de alivio por el enfermo y los que están alrededor. Alivio en el sentido de que ya ha dejado de sufrir, no se prolonga más el padecimiento, la agonía… aunque para los demás comienza otra clase de dolor. En estos casos, se podría decir que existe una especie de duelo anticipado, en que uno tiene ocasión de pensar en lo que se le viene encima, incluso de tener algunas decisiones de tipo práctico ya tomadas (y/o de acuerdo incluso con el enfermo), e ir asumiendo progresivamente la pérdida, poder decir algunas cosas, despedirse…

De1001amores